DE LA ESPERANZA

 


 

Esperamos sin ser vistos por la magia o el color de las verdades. Nos acercamos al tiempo de las visitas y, de ellas, escogemos momentos y lugares donde la vida fue calmando su ardor y su nobleza y se deshizo, en algo tan exacto como la propia vida.

 

Fuimos el vértigo que enlaza la cordura a ese trozo de vida como pronóstico herido que se amarra a la mano y, como pulsera estéril, nos da fuerza y nos ama, al tiempo que nos quita la razón y la duda.

 

Esperamos sin ser vistos, que, la verdad, se cumpla a nuestro antojo; que nos mire a los ojos sin más presagios ni anónimos proyectos; solamente como se mira el mar desde la playa herida, después de la tormenta.

 

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